
Torre Pacheco, 14/05/10,Islam en Murcia,Paulino Ros y Teresa Martín


Estamos en Válor, allí donde La Alpujarra va limando sus aristas alpinas y desembocando en el Mediterráneo clásico, donde los barrancos van convirtiéndose en valles, donde nogales, álamos y castaños van dando paso a olivos, naranjos y almendros. Es ésta "la patria de Abén Humeya", como proclama el mural que da la bienvenida al pueblo. Mural en el que, sobre fondo azul, se cruzan dos cimitarras doradas que sirven de cuenco a una corona y una media luna. Aquí, en 1568, don Fernando de Córdoba y Válor se puso al frente de la rebelión de los suyos, los moriscos granadinos, abandonó su forzado nombre cristiano y recuperó el musulmán: Abén Humeya, orgulloso descendiente de los Omeyas de Córdoba y, a través de ellos, del profeta Mahoma.
Los moriscos no podían más. En 1492 Boabdil había rendido Granada con la condición de que los habitantes del reino nazarí pudieran seguir conservando su lengua, religión y costumbres. Papel mojado: pronto se les obligó a convertirse al cristianismo, pasando a ser llamados moriscos. Pero ni aun así los conquistadores saciaron su sed de uniformidad. Querían que los granadinos hablaran castellano, renunciaran a sus baños, comieran cerdo, se vistieran como en Ávila y se olvidaran de sus fiestas o zambras. Cuando en 1568 Felipe II promulgó un nuevo edicto en esta dirección, los de la Alpujarra, su último refugio, se alzaron en armas. Abén Humeya, del que se cuenta que era muy lujurioso, se convirtió en su rey.
Ganaron los cristianos, claro. "Los nuestros", dice Abén Humeya en la biografía novelada que escribiera Carlos Asenjo Sedano, "sólo tenían dos caminos: o entregarse para la horca, o morir degollados a manos de soldados. En cualquier caso, nada de perdón y libertad". Abén Humeya fue asesinado, don Juan de Austria conquistó La Alpujarra a sangre y fuego, los moriscos fueron masacrados, las moriscas vendidas como esclavas, llegaron repobladores del Norte, se perdió la industria de la seda... Y en 1609, hace ahora 400 años, se consumó el drama con la pragmática de Felipe III que ordenaba la completa expulsión de los moriscos de todos sus reinos; lo español, una vez más, quedaba identificado por decreto con lo católico, lo conservador y lo castellano. Entre 300.000 y 500.000 personas tuvieron que abandonar su patria. Dada la población de la época, fue, señala el escritor José Manuel Fajardo, "el mayor exilio de una historia, la nuestra, repleta de ellos".
Aunque ninguna placa indica que ésta fuera la casa de Abén Humeya, los vecinos de Válor lo dan por hecho. No es la original, pero aquí estuvo su solar y su estructura era básicamente la de hoy. La casa ha estado habitada tradicionalmente por los médicos del pueblo, pero lleva unos años desocupada y podría amenazar ruina. En cuanto al balcón y la escayola con un Cristo son evidentemente postizos.
A pocos metros, doblando la esquina, hay un Centro Municipal de la Tercera Edad y allí un azulejo reza literalmente: "Abén Humeya y los moriscos. Cumbre de libertad para Al-Andalus". Lo firma, también literalmente, "Yama'a Islámica". Curioso este pueblo de Válor que ahora sestea pero que pronto, a mediados de septiembre, despertará para celebrar sus fiestas de Moros y Cristianos, las más vistosas de Andalucía oriental. Entonces, vecinos enturbantados harán correr la pólvora en homenaje al desdichado Abén Humeya, pero la victoria de tales monfíes será breve: el bando cristiano, con la providencial ayuda del Santo Cristo de la Yedra, terminará haciéndose con el castillo.

Aunque Xinjiang es la provincia más extensa de China, con 1.600 kilómetros cuadrados de superficie, está muy poco poblada -unos 20 millones de habitantes- por sus difíciles condiciones geográficas, que incluyen el enorme desierto del Taklimakán y la cadena montañosa de Tianshan. En la actualidad, los uigures apenas alcanzan la mitad de la población de Xinjiang (el 45%), de ahí el malestar creciente por lo que llaman la "hanización" de sus costumbres. Los hanes superan ya el 40% de la población provincial. Pero lo que más descontento genera es el desigual reparto del trabajo, con los puestos de mayor responsabilidad en poder de los hanes, que sobre todo copan buena parte de la administración pública.
También hay una considerable presencia uigur en los países de Asia Central limítrofes con Xinjiang, sobre todo en Kazajistán y Kirguizistán, además de en Uzbekistán. Según el Congreso Mundial Uigur, con sede en Munich (Alemania), que acoge al exilio de esta étnia, sostiene que en el mundo hay ya 20 millones de uigures, con importantes comunidades en Estados Unidos, Suecia y Alemania.
Después de que el Partido Comunista Chino ganara la guerra civil en 1949, el Ejército Popular de Liberación entró en Xinjiang y puso fin a la declaración unilateral de independencia de la llamada República del Turkestán Oriental, que desde 1933 gobernaba el destino de los uigures. Muchos iniciaron entonces el exilio. Los que se quedaron sufrieron, sobre todo durante la Gran Revolución Cultural (1966-1976), la represión por las autoridades chinas de su fe y sus costumbres, además del abandono económico de la región.
En los últimos años, Pekín ha invertido grandes cantidades de dinero para tratar de apagar las ansias independentistas de los uigures y para intentar disminuir la tremenda disparidad existente entre el desarrollo de esa región y las de la costa oriental del país. Al mismo tiempo, ha desatado toda una guerra, tanto diplomática como ofensiva, contra el independentista Movimiento Islámico del Turkestán Oriental (ETIM), en la que ha conseguido que el ETIM sea considerado un grupo terrorista por la ONU y por Estados Unidos.