domingo, 10 de mayo de 2009

Indeciso Consejo de Seguridad ante reporte sobre Gaza

Escrito por Tomas Anael Granados Jimenez (www.prensa-latina.cu)  
viernes, 08 de mayo de 2009

El Consejo de Seguridad continuaba hoy sin saber cómo proceder en torno a un informe sobre los daños ocasionados por las tropas israelíes a las instalaciones de la ONU durante su pasada agresión al territorio palestino de Gaza. La indecisión de los 15 miembros de ese alto organismo de la ONU parece ser el resultado más visible de dos días de consultas privadas en torno al sumario de un informe de 184 páginas elaborado por un equipo que tuvo a cargo esa investigación.

"Hasta el momento no hemos llegado a ningún acuerdo sobre cómo tratar ese documento", dijo el jueves a la prensa el embajador de Rusia, Vitaly Churkin, quien preside durante el mes de mayo las labores del Consejo de Seguridad.

Ese informe está basado en las conclusiones de una Junta de Investigadores nombrada por el secretario general, Ban Ki-moon, para conocer de por lo menos nueve casos de ataques israelíes contra escuelas y otras instalaciones de la ONU en Gaza.

Ban entregó el martes un sumario de esas investigaciones al Consejo de Seguridad, al cual correspondería pronunciarse sobre ese documento.

Pero lo único que se ha decidido es continuar las consultas para determinar si el Consejo de Seguridad debería ocuparse de este asunto y, en ese caso, cómo lo haría, dijo el diplomático ruso.

Churkin declinó dar detalles sobre las posiciones que los miembros del Consejo expresaron a puerta cerrada.

Pero señaló que algunos quieren que se discuta el documento y otros piensan que no es necesario hacerlo, ya que el Secretario General se está haciendo cargo de la cuestión.

El informe responsabiliza al gobierno de Tel Aviv de los ataques contra siete escuelas, hospitales y otras instalaciones de la Agencia de la ONU para la Asistencia de los Refugiados Palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés).

Por lo menos, 40 civiles palestinos habrían muerto en los bombardeos y ametrallamientos contra esos centros de la UNRWA, además de las perdidas materiales que la comisión investigadora estimó en más de 10 millones de dólares.

La ofensiva israelí contra la Franja de Gaza se prolongó del 27 de diciembre de 2008 hasta el 19 de enero de 2009, con un saldo de víctimas entre la población palestina estimado en más de mil 400 muertos y cinco mil heridos.

Entre sus recomendaciones, la Comisión Investigadora sugiere a la ONU que solicite compensación a Israel por los daños sufridos.

El presidente de Israel, Simon Peres, ha rechazado ese informe de la ONU por considerarlo "vergonzoso e indignante", y asegura que "no pediremos perdón" por la brutal ofensiva que las tropas israelíes mantuvieron durante 24 días contra la Franja de Gaza.

jueves, 7 de mayo de 2009

Llamada a los ciudadanos europeos solidarios con Palestina

Hace décadas que los palestinos ven sus derechos más legítimos negados y su dignidad pisoteada. Los palestinos no han obtenido nada de los acuerdos de « paz » de Oslo y de las diferentes negociaciones. Israel gana tiempo, ejecuta a palestinos, destruye las infraestructuras civiles, persigue la colonización y va cada vez más allá en su política del hecho cumplido gracias a su inigualable impunidad.

Por otro lado, Israel viola desde su creación las resoluciones de Las Naciones Unidas y se mofa de las condenas de la comunidad internacional. Con el desprecio de los convenios de Ginebra, Israel esta imposibilitando la solución de los dos Estados. La construcción del muro que encierra a la población de Cisjordania y somete la población de Gaza a un asedio y embargo causa una situación de hambre, penuria de medicamentos y de cuidados médicos, de paro masivo y un cotidiano miserable y sin esperanza. El todo acompañado de horribles operaciones de masacre a civiles y destrucciones masivas de infraestructuras civiles.

¿Todavía se puede esperar algo de la « comunidad internacional » y de Europa?

En este contexto, los palestinos continúan defendiendo sus derechos legítimos en el terreno. Sin el reconocimiento de su derecho a un Estado viable dentro de las fronteras de 1967, no habrá un futuro de paz y seguridad en la región.

Hasta ahora, los gobiernos europeos equiparan a víctimas y verdugo, y favorecen con su falta de acción las exacciones de Israel. Por otro lado, los electos europeos se han limitado a una postura de espectador. El silencio y el atentismo son considerados por muchos de nuestros ciudadanos como un desprecio a la vida de los Palestinos que algunos quisieran ver desaparecidos para siempre.

Europa debe asumir la inmensa responsabilidad histórica que le incumba en esta interminable colonización. Ahora, Europa debe hacerlo todo para que el pueblo palestino pueda vivir en la seguridad y la dignidad y poner fin a los campos de refugiados « temporalmente definitivos »

Pedimos que se opongan claramente y firmemente al proceso del aumento del estatus de Israel (este término significa el refuerzo de la cooperación política y económica entre la UE e Israel) mientras Israel no respete los derechos humanos y el derecho internacional.

Pedimos que una position clara sea detallada en el programa de los partidos políticos en las elecciones europeas, indicando que política será puesta en marcha para presionar a la política de colonización de Israel.

Hacemos un llamamiento a todas las fuerzas europeas para que organicen demostraciones de solidaridad que exigen el respeto por Israel del derecho internacional, sobre todo el derecho al retorno y/o a la compensación para los refugiados (conforme a la resolución 194 de las Naciones unidas); el desmantelamiento de las colonias de población judía (conforme al IV convenio de Ginebra); la demolición del « muro de la vergüenza » (conforme a la decisión del 4 de Julio 2004 de la Corte Internacional de Justicia).

 
POR ULTIMO, APOYAMOS A LAS LISTAS Y CANDIDATOS QUE SE COMPROMETEN A HACER TODO LO POSIBLE PARA QUE LOS PALESTINOS RECOBREN SU DERECHO A LA CREACION DE UN ESTADO VIABLE Y SOBERANO.

 

 

lunes, 4 de mayo de 2009

jueves, 30 de abril de 2009

400 centenario del recuerdo de la intolerancia, fanatismo y racismo en nuestro pais



Expulsados de su patria

Madrid,2009-04-30,El País, GEMA MARTÍN MUÑOZ

En este mes de abril se cumplen exactamente 400 años del decreto de expulsión de los moriscos españoles firmado por Felipe III. Es éste un episodio trascendental en la historia de España, cuya realidad pasada no debe escapársenos para hacer una lectura actual. Aquella experiencia de intolerancia, fanatismo y racismo sociocultural y religioso está escasamente presente en nuestra memoria colectiva e histórica. Por ello, junto a la de los judíos, esta otra expulsión, cuantitativamente mayor pero menos divulgada, ha de ser recuperada para la memoria como algo que nunca debería volver a ocurrir. Este abril de 2009 en que se cumple su IV centenario brinda pues la ocasión para crear una nueva conciencia y sensibilidad sobre esas oscuras páginas de nuestro pasado.

Desde la toma de Granada, la ideología oficial española se vio dominada por la contraposición entre el cristiano y el moro. Lo ajeno se definía como musulmán y extranjero de acuerdo con el concepto de unidad, es decir, homogeneidad cultural y religiosa, que la nueva España católica instauraba. El morisco antes de ser definitivamente expulsado en el siglo XVII fue discriminado y perseguido, o víctima propiciatoria de todos los males que afectaban al país. Como escribía Juan Goytisolo en sus Crónicas Sarracinas, “el enemigo musulmán se convirtió durante siglos en una suerte de revulsivo destinado a cohesionar los esfuerzos de una cristiandad que, en virtud de la cercanía y empuje de aquél, se sentía directamente amenazada”.

Descendientes de los andalusíes musulmanes que los Reyes Católicos forzaron a la conversión cristiana para poder seguir viviendo en su país, esta minoría siguió siendo vista con sospecha y definida como “inasimilable”. Los moriscos se consideraban a sí mismos españoles en un sentido amplio y profundo, pero la sociedad hizo de ellos una minoría marginada y perseguida porque se dudaba de su fidelidad hispana y sinceridad cristiana. La pervivencia de costumbres, tradiciones, modos lingüísticos y una literatura aljamiada (castellano escrito con grafía árabe), en lugar de considerarse como uno más de los ricos regionalismos culturales existentes en los diversos reinos españoles, se valoró como la expresión de una quinta columna amenazadora y extraña a una españolidad liderada por un aparato represor inquisitorial.

La expulsión no fue un hecho exigido por la dinámica interna de nuestra historia, ni ocurrió como consecuencia de una presunta fatalidad histórica. Fue un acto de odio civilizacional y religioso, liderado por la propia esposa del monarca, Margarita de Austria, algunos consejeros del rey que les consideraban un peligro militar y para la seguridad, por los fanáticos de la pureza de sangre y por ciertas personalidades eclesiásticas, como el arzobispo de Valencia Juan de Ribera, si bien el Papa, Paulo V, no aprobó la expulsión y aconsejó que se continuase su catequización.

Entre las exageraciones de la escuela minimalista y maximalista, la opinión historiográfica más consensuada habla de 300.000 expulsados, más unos 10.000 o 12.000 muertos en el proceso de destierro, lo que equivalía más o menos a un 4% de la población total española. Este porcentaje tenía, además, un gran valor cualitativo porque en su mayoría constituía una población activa muy laboriosa que dominaba como ninguna otra las artes agrícolas, el uso del agua y aportaba importantes dividendos a las arcas estatales y de los nobles terratenientes.

De ahí que las consecuencias demográficas y económicas de su expulsión fueran graves y en algunos casos catastróficas (como en los reinos de Valencia y Aragón, donde constituían la tercera y sexta parte de la población, respectivamente), y en general una pérdida sustancial de vitalidad económica y demográfica para España.

Fue, sin duda, un factor de peso, aunque no el único, en la aguda recesión española del siglo XVII. Esta preocupación material y práctica, junto a otras circunstancias de tipo humanitario, motivó resistencias y desacuerdos con la decisión de la expulsión, dándose intentos de evitarla o no cumplirla. Calcular cuántos se quedaron o incluso volvieron clandestinamente tras la expulsión ha sido muy difícil de evaluar. No obstante, existen fuentes documentales suficientes para considerar que el componente morisco no desapareció en España a consecuencia de la expulsión.

Los moriscos españoles se desperdigaron por el Mediterráneo, e incluso por el continente americano y el África subsahariana (como Yuder Pachá, originario de Almería, y cuya influencia política y cultural llegó hasta Tombuctú), pero donde sin duda se instaló la mayor parte fue en la costa magrebí (Marruecos, Argelia y Túnez). Allí llevaron su rico componente cultural español, su sabiduría agrícola y ganadera, su patrimonio artístico, sus apellidos hispanos, y sus huellas quedan hasta hoy día visibles.

Sin embargo, su adaptación no fue fácil. El desarraigo y las dificultades para acostumbrarse a un mundo muy distinto del que venían les llevó tiempo y esfuerzo. Y no siempre fueron bien recibidos. Ellos eran españoles, y su lengua, costumbres, modo de vida e incluso práctica religiosa (unos se habían convertido en verdaderos cristianos y los que habían conservado secretamente su vínculo con la fe islámica la practicaban de manera más simple o imperfecta) distaban mucho del medio norteafricano al que llegaban deportados.

Una experiencia que, en conclusión, nos muestra el sufrimiento humano que la intolerancia puede generar cuando se esencializa colectivamente, para demonizarlo, a todo un grupo social, étnico o religioso; cuando se le erige en un “otro” global amenazante y se le deshumaniza para poder desembarazarse de él sin preocupaciones éticas ni humanitarias.

Como decía recientemente el escritor José Manuel Fajardo, “el Cuarto Centenario de la expulsión de los moriscos debería jugar el mismo papel que desempeñó en 1992 la conmemoración de la expulsión de los judíos: una ocasión para reconciliar a la sociedad española con su propia Historia” (EL PAÍS, 2 de enero de 2009). Y, más aún, cuando en los momentos actuales se experimenta un proceso creciente de desencuentro entre lo islámico y lo occidental, reproduciéndose estereotipos y prejuicios que recuerdan cómo se construyen discursos en torno a la incompatibilidad, la inasimilación y la amenaza, que después pueden justificar discriminaciones, exclusiones e intolerancias colectivas.

En la actualidad, entre los “miedos sociales” que se han ido extendiendo en los países occidentales la figura del “musulmán” se encuentra como una de las más prominentes. En consecuencia, las opiniones públicas y el sentimiento social se han centrado en la necesidad de defenderse “preventivamente” de la presencia de musulmanes en nuestro suelo.

Así, desde 2002, y de manera creciente, todas las encuestas sociológicas, nacionales e internacionales, muestran un sentimiento de rechazo hacia los musulmanes y una estrecha vinculación entre terrorismo e inmigración musulmana. Un factor muy significativo es el hecho de que los partidos de extrema derecha que se van arraigando en los diferentes países europeos han evolucionado desde sus posiciones globales xenófobas a especializarse en un discurso explícitamente antimusulmán. Con ese discurso promueven los sentimientos islamófobos a la vez que, a diferencia de la xenofobia global, lo filtran con más legitimación social, apoyándose en los prejuicios e imaginarios negativos con respecto al islam y los musulmanes. Los riesgos, pues, de intolerancia colectiva contra la identidad musulmana por lo que es y no por lo que algunos de sus individuos hacen, sin que representen al todo, nos puede llevar a situaciones de exclusión, intolerancia y racismo.

Por ello, nuestros moriscos, y su tragedia, pueden aún rendir un inapreciable servicio simbólico a favor de la recuperación de la memoria y la comprensión de las consecuencias humanas que representan las indeseables demonizaciones colectivas que ha vivido nuestra historia.

jueves, 23 de abril de 2009

Frank Bilal Ribéry


El francés dio un giro a su vida al fichar por el Galatasaray. Entonces se convirtió al Islam y cambió de nombre.

J. Gil

Bilal Yusuf Mohammed es un nombre que nadie identificaría como un futbolista de élite. Sin embargo, a nadie se le escapa que Franck Ribéry es uno de los mejores jugadores del planeta. Ambos son la misma persona, con el único matiz que el primer nombre fue adoptado por el galo cuando se convirtió al islam en el 2006 y mantiene el de Bilal como apellido en su ficha como futbolista profesional.

La vida de Ribéry cambió radicalmente a raíz de su fichaje por el Galatasaray. Aunque en el club turco sólo estuvo entre enero y junio del 2005, su estancia en Estambul le marcó profundamente hasta el punto de pasarse a una nueva religión. La conversión al islam también le permitió contraer matrimonio con su esposa, Wahida Belhlami, una francesa de origen argelino, con la que ya tiene dos hijos, Hiziya y Shahinez.

Ribéry muestra con orgullo sus creencias y es uno de los futbolistas que antes de los partidos acostumbra a rezar con los brazos extendidos, al estilo de Eric Abidal en el Barça. Por tanto, en caso de finalmente fichar por el conjunto barcelonista, encontraría compañeros con los que compartir su religión, como el propio Abidal, Touré o Keita. Este factor facilitaría mucho su adaptación al Barcelona y podría ser uno de los motivos que le impulsaran a integrarse en un vestuario donde no se sentiría para nada extraño.

Además de la religión, el idioma tampoco sería ningún problema puesto que el francés es un idioma habitualmente utilizado en la caseta barcelonista. Además de los tres jugadores islámicos, Eto’o y Henry también se comunicación en francés, por lo que no se sentiría extraño con sus nuevos compañeros.

Su fichaje por el Barça significaría la culminación de un sueño para una saga futbolística Ribéry. Su hermano pequeño, François, juega en el Calais RUFC francés.